HIROSHIMA 1945: EL MAYOR CRIMEN IMPERIALISTA DEL SIGLO XX

10 de Agosto de 2026

El 6 de agosto de 1945, la ciudad japonesa de Hiroshima fue atacada con una bomba atómica cuyo nombre en clave era Little Boy. La explosión destruyó gran parte de la ciudad y provocó la muerte inmediata de decenas de miles de personas, en su mayoría población civil.

La devastación no terminó con la explosión. Muchas personas murieron posteriormente a causa de las quemaduras, las heridas, la radiación y las enfermedades derivadas de la contaminación radiactiva. Hiroshima se convirtió así en el símbolo de las consecuencias humanas de las armas nucleares.

Una tragedia contra la población civil

El bombardeo arrasó viviendas, hospitales, escuelas, comercios y centros de trabajo. La población superviviente tuvo que afrontar una ciudad destruida y una emergencia sanitaria sin precedentes.

Las víctimas no fueron únicamente quienes murieron aquel día. También sufrieron durante décadas los efectos de la radiación, el estigma social y las enfermedades relacionadas con el ataque. La tragedia de Hiroshima alcanzó a varias generaciones.

Por ello, la memoria de Hiroshima no puede reducirse a una operación militar. Debe entenderse como una advertencia sobre el precio que pagan los pueblos cuando las grandes potencias sitúan sus intereses estratégicos por encima de la vida humana.

Imperialismo y armas nucleares

El uso de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki se produjo en el tramo final de la Segunda Guerra Mundial y continúa siendo objeto de debate histórico. Una parte importante de la historiografía sostiene que Japón se encontraba en una situación militar crítica y que existían alternativas para forzar su rendición sin recurrir a la destrucción nuclear de ciudades habitadas.

También se ha señalado que el empleo de estas armas tuvo una dimensión geopolítica: demostrar el poder militar estadounidense y enviar un mensaje a la Unión Soviética en el contexto de la reorganización mundial posterior a la guerra.

En cualquier caso, la utilización de armas nucleares contra núcleos urbanos inauguró una etapa de amenaza permanente. Desde entonces, la humanidad vive bajo la posibilidad de una destrucción masiva provocada por la carrera armamentística y la rivalidad entre potencias.

 

 

 

 

La memoria de las víctimas

Recordar Hiroshima significa poner en el centro a las víctimas y a la población superviviente. Significa rechazar la normalización de las armas nucleares y denunciar la idea de que la muerte de civiles pueda justificarse como una simple necesidad estratégica.

La memoria histórica debe servir para impedir que los crímenes de guerra sean ocultados, relativizados o presentados como inevitables. Las nuevas generaciones tienen derecho a conocer las consecuencias reales de la guerra y del militarismo.

Contra la guerra y el militarismo

La clase trabajadora no tiene interés alguno en las guerras promovidas por las élites económicas y las grandes potencias. Son los trabajadores y sus familias quienes pierden sus hogares, sus empleos, su salud y sus vidas, mientras las industrias militares obtienen beneficios.

Defender la paz exige combatir la carrera armamentística, denunciar el gasto militar y reclamar que los recursos públicos se destinen a empleo digno, sanidad, educación, vivienda y protección social.

Ni Hiroshima ni Nagasaki

A 81 años del bombardeo de Hiroshima, su recuerdo continúa siendo imprescindible. No para alimentar el odio entre pueblos, sino para señalar la responsabilidad de quienes convierten la guerra y el armamento en instrumentos de dominación.

Ni olvido ni impunidad.

Contra el imperialismo y la guerra.

Por la paz entre los pueblos.

Nunca más Hiroshima. Nunca más Nagasaki.

Enlace de la fotografía de la portada: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Atomic_cloud_over_Hiroshima_-_NARA_542192_-_Edit_(cropped).jpg

 

Frente Sindical Obrero de Canarias FSOC

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